No acabo de entender demasiado bien porqué algunos músicos echan la culpa al consumidor de todos sus males y le responsabilizan de la falta de ventas de sus discos cuando en realidad no han firmado ningún contrato con él. Yo, como consumidor, por lo menos no he firmado ningún contrato con ningún músico comprometiéndome a comprarle todos los discos que saque en los próximos diez años. No, no he firmado absolutamente nada.
El único contrato que se ha firmado es el que se ha establecido entre el músico y la industria discográfica, contrato en el que no ha intervenido para nada el consumidor. A quien tiene que responsabilizar por tanto el músico de sus pocas o muchas ventas y del dinero que gane o deje de ganar es a sí mismo y a la discográfica con la que ha firmado el contrato.
Como ya hemos dicho en otras entradas de este mismo blog, el músico vende su producto a la industria discográfica a cambio de una remuneración establecida en el contrato. El problema es que el contrato firmado suele establecer dicha remuneración como un porcentaje sobre las ventas, con lo cual si no hay ventas no hay remuneración alguna para el músico. Se trata por tanto de un contrato que implica un riesgo cierto, un riesgo que el músico debe asumir pues es implícito al propio contrato que ha firmado. Pero la responsabilidad de la firma de dicho contrato es del músico, no del consumidor que es un ente totalmente ajeno a la relación contractual entre la discográfica y el músico.
Si no quieres asumir ese riesgo cierto es tan sencillo como no firmar ningún contrato que implique una remuneración porcentual sobre el volumen de ventas del producto derivado (el disco) y fijar en el contrato una remuneración fija. Eso reducirá ese riesgo cierto pero también te inhabilitará a ganar una mayor cantidad de dinero en el caso de que el disco se venda mejor de lo que esperabas. Pero es que no se puede tener todo, como en cualquier otra inversión mayor seguridad implica menor rentabilidad. Si quieres mayor seguridad invierte en renta fija, si quieres mayor rentabilidad invierte en renta variable, pero no puedes tener seguridad y rentabilidad a la vez. Si finalmente apuestas por la renta variable tendrás que asumir que puedas perder todo el dinero que has invertido. Si te dan mas rentabilidad es precisamente por el riesgo que has asumido.
Así, cuando un tanto ufanos decimos que estamos defendiendo nuestro derecho a vivir de la música (1) lo que en realidad estamos defendiendo es el asegurar una rentabilidad que el propio contrato que hemos firmado no nos asegura. Es decir, lo que estamos pidiendo es nuestro derecho a tener beneficios cada vez que invertimos en renta variable, es decir, cada vez que jugamos a la Bolsa.
Lo peor no es que pidamos un imposible, lo peor es que estamos difiriendo la responsabilidad del contrato que nosotros mismos hemos firmado al consumidor, responsabilizándolo de no hacer segura una rentabilidad que nunca nadie nos aseguró.
(1) Vease también la entrada: el derecho del músico a vivir de la música.
Una reflexión actual sobre la propiedad intelectual, los derechos de autor y el papel de los creadores de contenidos en la sociedad digital del Siglo XXI
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domingo, 9 de enero de 2011
El disco: una relación contractual exclusiva entre el músico y la discográfica
viernes, 7 de enero de 2011
¿Quien es realmente el cliente del músico profesional?
Aunque a primera vista pueda parecer que el cliente de aquellos músicos que viven de vender copias fonográficas de su obra es el consumidor, la mayor parte de las veces no suele ser así. Salvo en unos pocos casos el verdadero cliente de dicho músico no es el consumidor sino la industria discográfica. Como ya hemos visto en otras entradas, dicho músico no es otra cosa que una pequeña empresa que vende su producto (la música) a otra empresa mas grande (la industria discográfica), empresa que a partir del producto que le ha comprado al músico fabrica un producto derivado (el disco) que vende al consumidor final. El consumidor por tanto no está comprando música al músico sino un producto derivado que le vende la industria discográfica y al que llamamos copia fonográfica o disco.
El problema es que tendemos a fundir y a confundir a la industria discográfica con el músico y a las copias fonográficas con la música como si fueran un ente único cuando son entes completamente separados y distintos. A esta confusión contribuyen intencionadamente las compañías discográficas, los medios de comunicación y nuestros secuestrados políticos.
La industria discográfica, aunque nos la quieran vender como tal, no es una industria de creación de contenidos, los contenidos los crea el músico, sino una industria de transformación de contenidos, transforma la música que le vende el músico en discos del mismo modo que la industria del yogur transforma la leche que les vende el ganadero en botes de yogur.
No es por tanto lo mismo hablar de una crisis en la industria del yogur que hablar de una crisis en el sector de la ganadería. Pues del mismo modo tampoco es lo mismo hablar de una crisis en la industria de la música que de una crisis de la música. Y, otra vez, desde la propia industria y desde los medios de comunicación se nos fomenta intencionadamente dicha confusión.
¿Por qué puede entrar en crisis la industria del yogur? Pues, por ejemplo, porque todo el mundo se compre una yogurtera y elabore sus propios yogures en su propio domicilio. Pues lo mismo pasa con la industria de la música. Si todo el mundo dispone de la tecnología de copia necesaria en su propio domicilio (la yogurtera) la venta de copias (la venta de yogures) disminuye.
Aún así tampoco hay tanto de lo que preocuparse, al final siempre hay quien por comodidad, por no lavar la yogurtera, por gustos, por la calidad de sonido, por prestigios social, por prejuicios morales o por lo que sea, sigue consumiendo yogures industriales y copias fonográficas industriales aunque le salga mas caro que consumir yogures domésticos y copias domésticas. Lo que hay que hacer entonces es tratar de conservar a la demanda que aun nos queda y mimarla lo mas posible. Mimarla lo mas posible implica no llamar "pirata" o "ladrón" a aquel cliente que un día le da por probar el yogur de yogurtera de la vecina.
Pero volviendo al tema. En tanto que el músico es una empresa que vende su producto a la discográfica los ingresos percibidos por dicha venta no son responsabilidad del consumidor, como muchas veces se nos pretende hacer ver, sino del contrato firmado con la discográfica. La mayor parte de la gente, cuando busca trabajo procura evitar aquellas empresas que no ofrecen un contrato con sueldo fijo. Si como músico firmo un contrato a porcentajes con una discográfica tendré que asumir las consecuencias de ese contrato o bien no firmarlo. Con un contrato a porcentajes puedes ganar mucho mas dinero que con un sueldo fijo si eres bueno y tienes mucha suerte, pero también puedes no ganar nada. Es decir, un contrato a porcentajes implica la asunción de un mayor riesgo del que implica un contrato por importe fijo. Si firmas ese tipo de contrato tienes que asumir ese riesgo. Y ese es el problema, que los músicos profesionales no quieren asumir riesgos.
La responsabilidad sobre el contrato que ha firmado es por tanto del músico. No podemos derivar pues hacia el consumidor la responsabilidad de un riesgo cierto que hemos asumido nosotros mismos. Si no queremos asumir ese riesgo tan sencillo como no firmar ese contrato con la discográfica.
El problema es que tendemos a fundir y a confundir a la industria discográfica con el músico y a las copias fonográficas con la música como si fueran un ente único cuando son entes completamente separados y distintos. A esta confusión contribuyen intencionadamente las compañías discográficas, los medios de comunicación y nuestros secuestrados políticos.
La industria discográfica, aunque nos la quieran vender como tal, no es una industria de creación de contenidos, los contenidos los crea el músico, sino una industria de transformación de contenidos, transforma la música que le vende el músico en discos del mismo modo que la industria del yogur transforma la leche que les vende el ganadero en botes de yogur.
No es por tanto lo mismo hablar de una crisis en la industria del yogur que hablar de una crisis en el sector de la ganadería. Pues del mismo modo tampoco es lo mismo hablar de una crisis en la industria de la música que de una crisis de la música. Y, otra vez, desde la propia industria y desde los medios de comunicación se nos fomenta intencionadamente dicha confusión.
¿Por qué puede entrar en crisis la industria del yogur? Pues, por ejemplo, porque todo el mundo se compre una yogurtera y elabore sus propios yogures en su propio domicilio. Pues lo mismo pasa con la industria de la música. Si todo el mundo dispone de la tecnología de copia necesaria en su propio domicilio (la yogurtera) la venta de copias (la venta de yogures) disminuye.
Aún así tampoco hay tanto de lo que preocuparse, al final siempre hay quien por comodidad, por no lavar la yogurtera, por gustos, por la calidad de sonido, por prestigios social, por prejuicios morales o por lo que sea, sigue consumiendo yogures industriales y copias fonográficas industriales aunque le salga mas caro que consumir yogures domésticos y copias domésticas. Lo que hay que hacer entonces es tratar de conservar a la demanda que aun nos queda y mimarla lo mas posible. Mimarla lo mas posible implica no llamar "pirata" o "ladrón" a aquel cliente que un día le da por probar el yogur de yogurtera de la vecina.
Pero volviendo al tema. En tanto que el músico es una empresa que vende su producto a la discográfica los ingresos percibidos por dicha venta no son responsabilidad del consumidor, como muchas veces se nos pretende hacer ver, sino del contrato firmado con la discográfica. La mayor parte de la gente, cuando busca trabajo procura evitar aquellas empresas que no ofrecen un contrato con sueldo fijo. Si como músico firmo un contrato a porcentajes con una discográfica tendré que asumir las consecuencias de ese contrato o bien no firmarlo. Con un contrato a porcentajes puedes ganar mucho mas dinero que con un sueldo fijo si eres bueno y tienes mucha suerte, pero también puedes no ganar nada. Es decir, un contrato a porcentajes implica la asunción de un mayor riesgo del que implica un contrato por importe fijo. Si firmas ese tipo de contrato tienes que asumir ese riesgo. Y ese es el problema, que los músicos profesionales no quieren asumir riesgos.
La responsabilidad sobre el contrato que ha firmado es por tanto del músico. No podemos derivar pues hacia el consumidor la responsabilidad de un riesgo cierto que hemos asumido nosotros mismos. Si no queremos asumir ese riesgo tan sencillo como no firmar ese contrato con la discográfica.
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