¿Sabíais algunos que las ideas filosóficas no son patentables y que solo son patentables aquellas ideas que tienen una utilidad práctica inmediata?
Y los que si que lo sabíais ¿nunca os habéis parado a preguntaros por qué los defensores de la propiedad intelectual no garantizan los derechos sobre las ideas filosóficas y en cambio si que los garantizan sobre las ideas musicales o literarias? ¿Cual es la utilidad práctica de una idea musical?
La respuesta es muy simple. Se garantizan solo esos derechos cuando hay dinerito de por medio. Es un hecho histórico que nadie se preocupó por los derechos de autor del escritor hasta que no se inventó la imprenta y que nadie se preocupó de los derechos de autor del músico hasta que no se inventó el disco.
¿Casualidad?: Ninguna.
Imprenta y disco significaban que una actividad improductiva (la literatura y la música) se transformaban por arte de magia de la tecnología en una actividad productiva (la venta masiva de libros y la venta masiva de discos)
Bonita doble moral basada en el dinero.
Y que ocurre ahora. Pues que del mismo modo que un avance tecnológico (el fonógrafo) posibilitó la aparición de la industria discográfica otro avance tecnológico (la tecnología digital) significó su muerte. Y con esa muerte deberían extinguirse también todos los derechos asociados a un negocio que ya no existe. Si los filósofos no disfrutan de derechos de autor los músicos tampoco tienen por qué disfrutar de ellos. O todos o ninguno. Y es que con la revolución digital la música ha vuelto a ser la misma actividad "improductiva" que era antes de la revolución fonográfica. Y nuestra sociedad no defiende las actividades "improductivas" como la filosofía o la música. No hay nada mas que echar un vistazo al Plan Bolonia para comprobarlo.
Es hora pues de dejarnos de dobles morales, de buscar chivos expiatorios en la mal llamada "piratería" y de pedir un verdadero cambio social en defensa de esas mal llamadas "actividades improductivas". Si lo que se quiere es salvaguardar la cultura, lejos de cerrar páginas de Internet por orden administrativa lo que hay que hacer es potenciar una universidad pública que salvaguarde la cultura, toda la cultura. Y cultura no son solo aquellas ideas con utilidad práctica inmediata (eufemismo de utilidad económica capitalista) sino todas las ideas. Y el camino que está siguiendo la universidad es justo el contrario, el de defender solo esa misma cultura que ya defienden la SGAE y las oficinas de patentes.
Una reflexión actual sobre la propiedad intelectual, los derechos de autor y el papel de los creadores de contenidos en la sociedad digital del Siglo XXI
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sábado, 8 de enero de 2011
viernes, 7 de enero de 2011
¿Quien es realmente el cliente del músico profesional?
Aunque a primera vista pueda parecer que el cliente de aquellos músicos que viven de vender copias fonográficas de su obra es el consumidor, la mayor parte de las veces no suele ser así. Salvo en unos pocos casos el verdadero cliente de dicho músico no es el consumidor sino la industria discográfica. Como ya hemos visto en otras entradas, dicho músico no es otra cosa que una pequeña empresa que vende su producto (la música) a otra empresa mas grande (la industria discográfica), empresa que a partir del producto que le ha comprado al músico fabrica un producto derivado (el disco) que vende al consumidor final. El consumidor por tanto no está comprando música al músico sino un producto derivado que le vende la industria discográfica y al que llamamos copia fonográfica o disco.
El problema es que tendemos a fundir y a confundir a la industria discográfica con el músico y a las copias fonográficas con la música como si fueran un ente único cuando son entes completamente separados y distintos. A esta confusión contribuyen intencionadamente las compañías discográficas, los medios de comunicación y nuestros secuestrados políticos.
La industria discográfica, aunque nos la quieran vender como tal, no es una industria de creación de contenidos, los contenidos los crea el músico, sino una industria de transformación de contenidos, transforma la música que le vende el músico en discos del mismo modo que la industria del yogur transforma la leche que les vende el ganadero en botes de yogur.
No es por tanto lo mismo hablar de una crisis en la industria del yogur que hablar de una crisis en el sector de la ganadería. Pues del mismo modo tampoco es lo mismo hablar de una crisis en la industria de la música que de una crisis de la música. Y, otra vez, desde la propia industria y desde los medios de comunicación se nos fomenta intencionadamente dicha confusión.
¿Por qué puede entrar en crisis la industria del yogur? Pues, por ejemplo, porque todo el mundo se compre una yogurtera y elabore sus propios yogures en su propio domicilio. Pues lo mismo pasa con la industria de la música. Si todo el mundo dispone de la tecnología de copia necesaria en su propio domicilio (la yogurtera) la venta de copias (la venta de yogures) disminuye.
Aún así tampoco hay tanto de lo que preocuparse, al final siempre hay quien por comodidad, por no lavar la yogurtera, por gustos, por la calidad de sonido, por prestigios social, por prejuicios morales o por lo que sea, sigue consumiendo yogures industriales y copias fonográficas industriales aunque le salga mas caro que consumir yogures domésticos y copias domésticas. Lo que hay que hacer entonces es tratar de conservar a la demanda que aun nos queda y mimarla lo mas posible. Mimarla lo mas posible implica no llamar "pirata" o "ladrón" a aquel cliente que un día le da por probar el yogur de yogurtera de la vecina.
Pero volviendo al tema. En tanto que el músico es una empresa que vende su producto a la discográfica los ingresos percibidos por dicha venta no son responsabilidad del consumidor, como muchas veces se nos pretende hacer ver, sino del contrato firmado con la discográfica. La mayor parte de la gente, cuando busca trabajo procura evitar aquellas empresas que no ofrecen un contrato con sueldo fijo. Si como músico firmo un contrato a porcentajes con una discográfica tendré que asumir las consecuencias de ese contrato o bien no firmarlo. Con un contrato a porcentajes puedes ganar mucho mas dinero que con un sueldo fijo si eres bueno y tienes mucha suerte, pero también puedes no ganar nada. Es decir, un contrato a porcentajes implica la asunción de un mayor riesgo del que implica un contrato por importe fijo. Si firmas ese tipo de contrato tienes que asumir ese riesgo. Y ese es el problema, que los músicos profesionales no quieren asumir riesgos.
La responsabilidad sobre el contrato que ha firmado es por tanto del músico. No podemos derivar pues hacia el consumidor la responsabilidad de un riesgo cierto que hemos asumido nosotros mismos. Si no queremos asumir ese riesgo tan sencillo como no firmar ese contrato con la discográfica.
El problema es que tendemos a fundir y a confundir a la industria discográfica con el músico y a las copias fonográficas con la música como si fueran un ente único cuando son entes completamente separados y distintos. A esta confusión contribuyen intencionadamente las compañías discográficas, los medios de comunicación y nuestros secuestrados políticos.
La industria discográfica, aunque nos la quieran vender como tal, no es una industria de creación de contenidos, los contenidos los crea el músico, sino una industria de transformación de contenidos, transforma la música que le vende el músico en discos del mismo modo que la industria del yogur transforma la leche que les vende el ganadero en botes de yogur.
No es por tanto lo mismo hablar de una crisis en la industria del yogur que hablar de una crisis en el sector de la ganadería. Pues del mismo modo tampoco es lo mismo hablar de una crisis en la industria de la música que de una crisis de la música. Y, otra vez, desde la propia industria y desde los medios de comunicación se nos fomenta intencionadamente dicha confusión.
¿Por qué puede entrar en crisis la industria del yogur? Pues, por ejemplo, porque todo el mundo se compre una yogurtera y elabore sus propios yogures en su propio domicilio. Pues lo mismo pasa con la industria de la música. Si todo el mundo dispone de la tecnología de copia necesaria en su propio domicilio (la yogurtera) la venta de copias (la venta de yogures) disminuye.
Aún así tampoco hay tanto de lo que preocuparse, al final siempre hay quien por comodidad, por no lavar la yogurtera, por gustos, por la calidad de sonido, por prestigios social, por prejuicios morales o por lo que sea, sigue consumiendo yogures industriales y copias fonográficas industriales aunque le salga mas caro que consumir yogures domésticos y copias domésticas. Lo que hay que hacer entonces es tratar de conservar a la demanda que aun nos queda y mimarla lo mas posible. Mimarla lo mas posible implica no llamar "pirata" o "ladrón" a aquel cliente que un día le da por probar el yogur de yogurtera de la vecina.
Pero volviendo al tema. En tanto que el músico es una empresa que vende su producto a la discográfica los ingresos percibidos por dicha venta no son responsabilidad del consumidor, como muchas veces se nos pretende hacer ver, sino del contrato firmado con la discográfica. La mayor parte de la gente, cuando busca trabajo procura evitar aquellas empresas que no ofrecen un contrato con sueldo fijo. Si como músico firmo un contrato a porcentajes con una discográfica tendré que asumir las consecuencias de ese contrato o bien no firmarlo. Con un contrato a porcentajes puedes ganar mucho mas dinero que con un sueldo fijo si eres bueno y tienes mucha suerte, pero también puedes no ganar nada. Es decir, un contrato a porcentajes implica la asunción de un mayor riesgo del que implica un contrato por importe fijo. Si firmas ese tipo de contrato tienes que asumir ese riesgo. Y ese es el problema, que los músicos profesionales no quieren asumir riesgos.
La responsabilidad sobre el contrato que ha firmado es por tanto del músico. No podemos derivar pues hacia el consumidor la responsabilidad de un riesgo cierto que hemos asumido nosotros mismos. Si no queremos asumir ese riesgo tan sencillo como no firmar ese contrato con la discográfica.
Volvamos a quemar la Biblioteca de Alejandria
Ayer estuve viendo una película que subió (vivo en un sexto piso) mi novia de la biblioteca. Ello me lleva a preguntarme: ¿por qué tiene que ser moralmente reprobable e incluso delito "bajarse" contenidos culturales de la biblioteca virtual de arriba si no lo es "subirlos" de la biblioteca física de abajo?
Incluso desde un punto de vista económico y dando por válida la mas que discutible teoría del lucro cesante : ¿no tienen ambas acciones la misma implicación económica para el creador de dicha película? ¿Por qué diferenciamos entonces entre una y otra acción?
Desde que el hombre es hombre creó lugares para compartir la cultura, desde que surgió la escritura comenzaron a aparecer las primeras bibliotecas. La existencia de las bibliotecas desde tiempos inmemoriables es una prueba fehaciente de que no siempre existió a lo largo de la historia esa "cultura" del "pase usted por caja". El "pase usted por caja" es un invento relativamente reciente. Los monjes no copiaban manuscritos para venderlos sino para compartirlos con su comunidad religiosa (y eso que copiar un manuscrito lleva bastante mas trabajo que apretar un botón o hacer doble click)
Lejos de estar matando la cultura, como nos pretenden hacer ver, Internet es la mayor biblioteca jamás construida por el hombre, mucho mayor que la Biblioteca de Alejandría. Lo que se nos está proponiendo desde las industrias de creación de contenidos, desde los medios de comunicación y desde el poder político es volver a quemar la Biblioteca de Alejandría. Y por si a alguien le puede parecer exagerada está afirmación aquí os dejo un enlace que prueba que mas bien me quedo corto en mis palabras.
No es algo que suceda solo con la cultura, sucede con todo. En Estados Unidos el Tea Party quiere echar atrás la tímida reforma llevada iniciada por Obama sobre el vergonzoso sistema de salud norteamericano. Una vez más se trata de hacer prevalecer a toda costa el interés particular sobre el interés general. Si lo hacemos con la salud como no lo vamos a hacer con la cultura.
Incluso desde un punto de vista económico y dando por válida la mas que discutible teoría del lucro cesante : ¿no tienen ambas acciones la misma implicación económica para el creador de dicha película? ¿Por qué diferenciamos entonces entre una y otra acción?
Desde que el hombre es hombre creó lugares para compartir la cultura, desde que surgió la escritura comenzaron a aparecer las primeras bibliotecas. La existencia de las bibliotecas desde tiempos inmemoriables es una prueba fehaciente de que no siempre existió a lo largo de la historia esa "cultura" del "pase usted por caja". El "pase usted por caja" es un invento relativamente reciente. Los monjes no copiaban manuscritos para venderlos sino para compartirlos con su comunidad religiosa (y eso que copiar un manuscrito lleva bastante mas trabajo que apretar un botón o hacer doble click)
Lejos de estar matando la cultura, como nos pretenden hacer ver, Internet es la mayor biblioteca jamás construida por el hombre, mucho mayor que la Biblioteca de Alejandría. Lo que se nos está proponiendo desde las industrias de creación de contenidos, desde los medios de comunicación y desde el poder político es volver a quemar la Biblioteca de Alejandría. Y por si a alguien le puede parecer exagerada está afirmación aquí os dejo un enlace que prueba que mas bien me quedo corto en mis palabras.
No es algo que suceda solo con la cultura, sucede con todo. En Estados Unidos el Tea Party quiere echar atrás la tímida reforma llevada iniciada por Obama sobre el vergonzoso sistema de salud norteamericano. Una vez más se trata de hacer prevalecer a toda costa el interés particular sobre el interés general. Si lo hacemos con la salud como no lo vamos a hacer con la cultura.
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